miércoles, 20 de junio de 2012

Todo comenzó la tarde de un domingo del mes de agosto en el año 2005.

Mis padres y yo descansábamos en la sala de nuestra casa, los ánimos estaban por los suelos y el sol comenzaba a ocultarse. Mi padre estaba recostado sobre uno de los sillones de la sala; su lugar favorito para admirar el cuadro que esta colgado en la pared de enfrente, es un cuadro en el que se puede ver una transitada calle de Paris y al fondo el famoso Molino Rojo; muchas veces mi padre observa éste cuadro y sueña que es una de las personas pintadas en él, caminando por las calles de Paris.

Mi padre suspiró y nos confesó en voz baja>

“He sido un hombre afortunado, sin embargo hay una sola cosa por la que podría sentirme un poco frustrado, y es que en esta vida nunca pude ir a Paris y conocer la Plaza de la Concordia y el famoso Molino Rojo”

Mi madre quien fue sometida a una complicada operación quirúrgica algunos anos atrás y como consecuencia perdió el cuadriceps de la pierna derecha, también suspiro y con el mismo tono nostálgico contesto al comentario de mi padre>

“Por lo menos, si tuvieras los medios, podrías realizar tu sueño, pero yo, con mi nueva condición física, no tendría la oportunidad de viajar a Paris”

La luz del día casi se extinguía y envuelta en la depresión de mis padres, comencé a sentir lo que yo llamo la mala vibra del domingo, sentí una opresión en el pecho y una enorme nostalgia, así que pensé: ¿Qué pasa con nosotros? ¿Por qué estamos tan deprimidos? Hemos sido una familia unida y privilegiada, tenemos millones de cosas que agradecerle a la vida y a Dios, no podemos continuar así.

Fue entonces cuando salté de mi sillón y dije lo más entusiasta y fuerte que pude>

“¡Están equivocados los dos! ¡Claro que podemos ir a Paris si así lo deseamos! ¡Querer es poder! Así que en este preciso momento comenzaremos a planear nuestro viaje a Paris. Iremos juntos el año que entra y viviremos una maravillosa experiencia demostrándonos que no existen fronteras de espacio ni de tiempo. La falta de un cuadriceps no puede impedirle a nadie llegar a donde desee, tener 72 anos no significa que es tarde para viajar al extranjero por primera vez y no tener dinero no significa que no se puede materializar un sueño”.

Mis padres me miraron y más por intuir mi desesperación ante su depresión que por convicción me apoyaron con la idea, mi padre se levanto del sillón y tomo el atlas que guardamos en el librero de la sala, mi madre y yo nos sentamos junto a el y atentas observábamos la ruta que con su dedo índice nos señalaba sobre el mapa, mientras nos explicaba >

“Aquí esta México y para llegar a Paris tendríamos que hacer este recorrido por avión...”

Ese fue el comienzo de una de las experiencias más hermosas y enriquecedoras de nuestras vidas como familia.

Durante un año trabajamos en los preparativos del viaje, mis padres y yo ahorrábamos todo lo que podíamos, mis padres sacaron sus ahorros del banco y yo destiné todas mis utilidades para los gastos del viaje, nuestra familia y nuestros amigos nos apoyaron de una manera extraordinaria para que pudiéramos hacer realidad nuestro sueño. Siempre alentándonos, apoyándonos emocionalmente y materialmente. Nos consiguieron boletos de avión sujetos a espacio muy económicos; nos regalaron puntos de sus membresías para pagar sólo la mitad en un hotel muy elegante, nos proporcionaron copias de facturas de hoteles y restaurantes de viajes recientes a Paris para poder hacer un presupuesto; nos apoyaron comprándonos boletos para una rifa que organizamos para recaudar fondos y hubo hasta quienes nos obsequiaron dinero para el viaje, en realidad el cosmos entero se confabuló para que mis padres y yo pudiéramos viajar a Paris y así sucedió.

He aquí la descripción de algunas de las experiencias más importantes durante nuestro viaje a Europa:

Domingo 24 de septiembre de 2006.

Adriana llego por nosotros y logramos meter en la cajuela de su auto, la silla de ruedas para mi madre, la andadera y las dos maletas que conformaban nuestro equipaje, mi madre y yo llevábamos dos pequeñas bakpacks en lugar de bolsos de mano y mi padre usaba un chaleco de pescador con una decena de bolsillos y compartimentos en los que guardaba sus documentos y artículos personales.

Llegamos al aeropuerto y estábamos esperando a que terminaran de documentar las personas que tenían boletos con reservación, una vez terminada esta acción la señorita del mostrador se acercó a nosotros para informarnos que el avión estaba a su máxima capacidad y no seria posible que abordáramos.

Concientes de que eso podría suceder al intentar viajar con boletos sujetos a espacio, mis padres y yo mostramos una actitud de ecuanimidad que ocultaba la frustración en nuestros interiores; estuvimos tan cerca de abordar el avión con maletas y emociones en mano y al final el destino nos llevaba de regreso a nuestra casa.

Adriana nos cobijo con su solidaridad y con frases de ánimo nos llevo de regreso a casa. Dejamos a mis padres en casa y para hacerme olvidar el triste suceso me invitó al cine; la película que vimos se titulaba “El diablo viste a la Moda” y como una broma del destino una importante parte de la película se desarrollaba en Paris. En ese momento pensé que algo muy importante tendría que aprender y con esa película se abría el ciclo de esta nueva lección de vida.

La gente que me conoce sabe que veo con claridad las señales en sucesos cotidianos, nunca he creído que una señal solamente se hace evidente si la tierra se abre ante mis pies o si una voz de ultratumba viene con un mensaje; tengo el don de reconocer las señales aunque el 80% de las ocasiones las interprete de manera incorrecta pero siempre el tiempo termina por resolver mis dudas.

La mañana del día siguiente intentábamos de nuevo abordar el avión a Paris, esta vez eran Juan y Eva quienes nos acompañaban, ellos son nuestros amigos que nos habían conseguido los boletos pues Juan es Piloto de una aerolínea mexicana.

Una vez que habían documentado todos los pasajeros con reservación, nos permitieron subir a la sala de espera, especulando.

Especular significaba que subiríamos al avión siempre y cuando una vez que hayan abordado todos los pasajeros, se haya embarcado el equipaje y se haya cargado el combustible, se procede a verificar el peso de carga y se determina si pueden subir algunos pasajeros más.

En la sala de espera se encontraba una mujer de mediana edad y mucha energía, caminaba de un lado a otro de manera nerviosa pero divertida, cruzamos las miradas y sonriendo me confeso>

“No puedo quedarme quieta, estoy muy emocionada pues es mi primera vez en Paris”

Yo correspondí a su sonrisa y le dije que la comprendía, le comente que podía percibir que tenia mucha energía y que si le hacia sentir mejor moverse, no dejara de hacerlo.

Yo sentada y ella dando pequeños pasos de un lado a otro continuamos conversando trivialidades intentando calmar nuestros nervios.

Comenzaron a abordar los pasajeros de primera clase y siguieron llamando a las filas subsecuentes, mi nerviosa amiga me pidió que me alistara>

“Ya nos toca a nosotros” > me dijo.

“Nosotros debemos esperar al final”> le conteste, explicándole la condición de nuestros boletos.

Me miro con cierta desilusión y me dijo>

“¡No te preocupes! Seguro que abordan el avión pues mientras existe vida existe... y se señaló a si misma.

Yo me quede confundida y antes de poder decir algo, ella me extendió la mano y me dijo...Mucho gusto, mi nombre es Esperanza, ¡nos vemos adentro! y abordó el avión.

Una vez que checaron la carga en el avión, una de las azafatas nos indico que podíamos abordar.

Cuando caminábamos por el pasillo siguiendo al sobrecargo que nos llevaría a nuestros lugares. una voz alegre me gritaba>

“¡Laura! ¡Lo lograste!, ¡te dije que viajarías hoy a Paris!”

Esperanza junto con sus compañeros de tour comenzaron a aplaudir lo que me lleno de emoción y no pude evitar soltar algunas lagrimas de felicidad.

10 horas de vuelo fueron suficientes para que mi madre se enfrentara al primer reto: Superar su fobia a las alturas. Una vez que el avión despego y cuando aún era posible apreciar parte de la República, le propuse a mi madre>

“Mami, no sabemos cuando volvamos a hacer un viaje tan largo en avión así que, solo si tu lo deseas, puedes aprovechar la oportunidad de superar uno de tus grandes miedos y darte la oportunidad de observar el mundo desde una perspectiva diferente, atrévete a mirar a través de la ventanilla y vivir una experiencia nueva!”

Mi madre con valentía y estoy segura que sin sentirse comprometida, intento mirar a través de la ventana, al principio solo un poco y describiéndome el dolor que sentía en las piernas y malestar en el estomago, se alejaba de la ventanilla sumiéndose en el respaldo de su asiento; minutos después y durante el viaje cada vez se asomaba con mayor seguridad hasta que de vez en cuando me decía con la cara de una niña que acaba de perder al miedo a andar en patines y hace su primera pirueta>

¡Mira Laura, ese es un rio! ¡Que hermosas se ven esas montañas y mira los colores del cielo! ¡Qué hermoso paisaje!”

Cuando pudimos apreciar el atardecer con su característica combinación en naranja encendido y azul rey, miré a mi madre a los ojos y dándole un beso en la frente le dije>

“Mami, te amo y te admiro mucho, gracias por traerme al mundo”. Nos abrazamos muy fuerte y nos reímos con lágrimas en los ojos como si adivináramos la gran aventura que estábamos comenzando a vivir.

Martes 26 de septiembre

1925 era el numero de nuestra habitación, un lujoso Hotel nos daba la bienvenida “Le Meridien Montparnasse”, el consergiere era un atractivo francés de piel blanca con apariencia de porcelana, su traje estaba confeccionado en finas telas en colores beige y rojo cobrizo, la botonadura daba la impresión de ser de oro y era prácticamente imposible encontrar una arruga en su traje mientras no se moviera de su sitio, después del acostumbrado “Check-in” el botones nos acompañó a nuestra habitación y al cerrar la puerta al retirarse, mis padres y yo nos miramos y nos abrazamos. “¡Estamos en Paris! ¡Estamos en Paris!”

Agotados por tantas horas de vuelo y el recorrido de 2 horas del aeropuerto al hotel, después de una ducha, dormimos hasta las seis de la tarde. Por la tarde-noche salimos a dar un paseo para reconocer los alrededores. Descubrimos un centro comercial a 20 metros del Hotel y un supermercado a 100 metros; a unas cuadras estaban las famosas galerías La Fayete; frente al hotel una gran estación de trenes “Gare Montparnasse”; a una cuadra la estación del metro “Gaite” y atravesando la avenida una serie de comercios y restaurantes.

Compramos una deliciosa baguette recién horneada, un exquisito queso doble crema con nuez, salmón y algunos jugos, guardamos todo en las bakpacks y merendamos en nuestra habitación.


Miércoles 27 de septiembre

Desperté y después de darme un baño salí a comprar leche, jugo, yogurt, manzanas y deliciosos croissants recién horneados, desayunamos en nuestra habitación y con una prisa disfrazada de entusiasmo salimos a buscar un taxi para dirigirnos al encuentro con la hermosísima torre Eiffel.

Bajamos del taxi y empujando la silla de ruedas con mi madre en ella, mi mochila a mis espaldas y mi padre como un niño de ocho años que caminaba rápidamente hacia donde cualquier cosa despertara su curiosidad; empecé a sentir como fluía la energía de la emoción por todo mi cuerpo; en pocos segundos nos encontrábamos frente a la majestuosa y bellísima Eiffel.

Dejando la silla de ruedas a un lado, mi madre me pidió que la llevara del brazo al centro de la torre, caminamos a su ritmo y una vez que nos encontramos justo en el centro de la torre, mi madre extendió los brazos hacia arriba como si quisiera llenarse de algo que yo no percibía, pronto mi padre se unió a nosotras y nos besamos y abrazamos sintiendo las fuertes corrientes de aire frio al mismo tiempo que éramos bañados con los cálidos rayos del sol que traspasaban la trama del encaje de acero de la torre.

Se trataba de un momento mágico porque estar parados bajo la torre confirmaba la materialización de nuestro sueño, nos enfrentaba a dimensionar el tiempo y espacio recorrido, no solo me refiero al viaje por avión, me refiero a ese primer momento en la sala de nuestra casa, cuando surgió el sueño y me resulta imposible describir ese instante.

Si quisiera reducirlo a una sola palabra para darle mayor fuerza entonces pensaría en una muy especial. Tal vez la primera palabra que aprendí a decir pero no me es suficiente, o quizá la última palabra que me gustaría decir y aún no me satisface, entonces pienso es todas las palabras con las que las diferentes religiones del mundo nombran a Dios y no me alcanzan, así que solo tengo que decir que fue uno de los momentos más felices y plenos de mi existencia, esos en los que no piensas nada y simplemente eres.

Caminamos hasta llegar al sitio ideal para la acostumbrada foto y una amable mujer con rasgos asiáticos nos tomó una foto a los tres juntos.

Caminamos por las calles cercanas y con alegría saludábamos a cada citadino que encontrábamos, yo había estado seis años antes, en Paris y no recordaba haber coincidido con tanta gente minusválida por las calles, ésta vez nos habíamos cruzado ya con cinco personas en sillas de ruedas ó caminadoras y todas ellas habían dedicado a mi mamá, pequeñas frases en francés que no comprendíamos pero la comunicación a través de las miradas había sido mas que enriquecedora.

Llegamos a la estación del carro Rojo, una especie de Turibus que nos llevaría a recorrer los lugares principales de Paris. Abordamos el camioncito; acomodamos la silla de ruedas, andadera y bakpacks; nos colocamos los audífonos y disfrutamos del recorrido.

Después de comer caminamos varias cuadras solo pretendiendo ser lugareños y simplemente respirando Paris, no nos dirigíamos a un lugar en especial, simplemente paseábamos por los alrededores del Hotel que en ese momento era la representación de nuestro hogar.

Esa tarde contacte a Antonio Cubas, el amigo de mi amigo Fernando, en realidad fue Atenea a quien con mucho cariño y respeto llamo Mu; quien escribió un correo a Antonio preguntándole si le gustaría que lo contactara pues viajaría a Paris y sería lindo compartir mis impresiones con una persona que hablase español.

Antonio es del Perú y al recibir mi llamada, con entusiasmo me citó en un lugar cercano a mi hotel dentro del Barrio latino que resultaría ser mi primera gran señal. Nos vemos mañana a las 6:30 pm en la Plaza Saint Michel, justo frente a la fuente que representa al arcángel Miguel derrotando al demonio, iré con un portafolio azul que tiene la leyenda Eurocancer y yo te reconoceré por tu madre en la silla de ruedas. Hasta mañana entonces.

Jueves 28 de septiembre

La misma rutina para el desayuno y alistarnos, saliendo del hotel el portero Indio nos saludó ya con cierta familiaridad, manejar la silla de ruedas con mi madre era cada vez mas fácil y ya no me preocupaba que mi padre caminara hacia otro lado y se metiera en cuanto acceso se encontrara, yo sabia que en algún momento nos encontraría. Yo ya no cargaba mi bakpack, era mi madre quien la sostenía mientras sentada en su silla podía admirar cada sitio por el que pasábamos. Esta vez nuestro objetivo era la catedral de Notre Dame.

Ya frente a la catedral nuestras pieles se erizaron al escuchar las imponentes campanadas, mi padre con rapidez entro a la catedral y mi madre caminaba a su ritmo con su andadera mientras yo tomaba video de la hermosa fachada. Una vez adentro comenzó una vez más la magia...

Juntos; sentados en una banca, frente al altar, comenzamos a pedir por cada una de las personas que amamos y sus familias y también por cada una de las personas que no son gratas en nuestras vidas pero que necesitan de luz y bendiciones.

De una manera muy especial yo pedía antes que nada por mi amiga Mercedes y su familia pues se lo había prometido y gritaba el nombre de mi amigo Paco y el de Adriana que me habían dado permiso de invocarlos para llevarlos conmigo a través de sus sueños.

Durante dos horas y media mencionamos el nombre de cada una de las personas que conocemos, agradecimos a todos aquellos que contribuyeron para que este viaje fuera posible, mencionamos cada uno de los nombres de los miembros de nuestra familia, de nuestros amigos, de nuestros vecinos, de los dueños de los comercios que frecuentamos, de nuestros doctores, de nuestros proveedores, de nuestros seres que han trascendido y de las personas que nos han dañado ó que hemos dañado.

Ese espacio en Notre Dame fue muy especial y ni siquiera sentimos el tiempo transcurrido pero cuando lo notamos nos lleno de alegría saber lo millonarios que somos al contar con tanta gente a la que amamos y que nos ama.

Tomamos nuevamente el autobús rojo que nos llevo al espectacular Arco del Triunfo, caminamos a lo largo de Campos Elíseos deteniéndonos a tomar un refrescante helado en una típica mesita y nos sentíamos verdaderamente felices. El sol era brillante y nuestro helado mitigaba el calor que producía la temperatura ambiental y la intensidad de nuestras emociones.

Llegamos hasta la esperada Plaza de la Concordia, otro momento mágico, una vez más no tengo palabras para describir lo que en mi interior sucedía. Sin intención de empalagar no puedo evitar que mi relato sea tal vez un tanto cursi; en primera porque soy yo quien lo vivió y todos saben que me entrego a la vida con una intensidad desmesurada y por otro lado es que realmente vivimos en un estado de éxtasis cada evento importante y son los que ahora comparto con ustedes.

Caminamos varias cuadras hasta encontrar un sitio de taxis. No había un solo taxi disponible y todos los que pasaban estaban ocupados, esperamos durante 20 minutos hasta rendirnos y disponernos a buscar una estación del metro. Mis padres comenzaron la retirada cuando una fuerte intuición me dijo que esperara un par de minutos más y como un regalo del cielo llego un taxi disponible que nos llevó a otro de nuestros encuentros.

Llegamos a la Plaza Saint Michel, la fuente en donde se encuentra una estatua que representa al arcángel Miguel derrotando al demonio, era verdaderamente fascinante, me quede pasmada frente a ella sintiendo un escalofrió que recorría mi cuerpo, era verdaderamente revelador descubrir lo importante que es derrotar a nuestros demonios internos, enfrentar los miedos para darle la bienvenida al amor y lograr cosas importantes, cumpliendo así la misión de nuestras vidas.

10 minutos mas tarde apareció Antonio, nos miramos y nos dimos un abrazo y un beso tal y como se lo dan dos personas que hacía mucho no se veían, más que un encuentro la sensación era la de un reencuentro. Era la primera vez que estaba frente a ese hombre y un especial sentimiento de fraternidad me embargaba. Le presenté a mis padres y le pregunté en donde le gustaría tomar la merienda.

Caminamos algunas cuadras por el barrio latino y nos llevo a un restaurante griego, la coincidencia tenía cierta magia pues la primera vez que conviví con Atenea, mi amiga que nos había contactado, había sido en un restaurante griego así que el lugar me conectó fuertemente con Atenea y Fernando.

La cena y el vino fueron excelentes, el ambiente muy agradable y la compañía extraordinaria, charlamos algunas horas y nos nutrimos mutuamente de nuestras energías, nunca la charla estuvo orientada a conocernos, más bien era una charla cotidiana con un amigo hasta que llego el momento de decir “hasta la próxima”. Antonio es un ser humano sensible y muy inteligente y eso lo emite por cada célula, al salir del restaurante, nos acompañó a buscar un taxi pero en realidad un nuevo reto para mi madre venia en camino.

Al no encontrar un taxi disponible, un autobús que nos dejaba a unas cuadras del hotel se aproximaba, tomamos la decisión de abordarlo y mi madre se tenía que hacer cargo de si misma mientras mi padre pagaba y yo cargaba la silla de ruedas. A través de la ventana despedíamos a quien considerábamos nuestro amigo. Se que es poco creíble que un par de horas basten para tener un encuentro tan intenso pero juro que esa fue nuestra sensación.

Mi madre un tanto desconcertada pero feliz de su nuevo logro disfrutaba de la maravillosa vista que Paris de noche te regala.

Viernes 29 de septiembre

El gasto en taxis estaba resultando amenazador para nuestro presupuesto, así que una vez que mi madre había abordado un autobús con éxito, decidimos pasar al siguiente nivel en retos>

“Mami, ya fuiste capaz de viajar en autobús, ¿Qué te parece si probamos con el metro? ¿Podemos intentarlo, que dices?”

Y mi madre con esa valentía que la caracteriza y la total confianza que nos tiene a mi padre y a mi, accedió a tomar el nuevo reto y fue así como nos dirigimos a la estación que se encontraba a una cuadra del hotel.

Mi padre era el encargado de trazar las rutas y cuidar cada paso de mi madre, yo cargaba la silla de ruedas todas las escaleras lo cual también representaba una prueba para mí pues con trabajos cargo mi bolso de mano todos los días, era mi oportunidad para demostrarle a mis articulaciones lo resistentes y capaces que pueden ser.

Cargaba las backpak y todavía me daba el lujo de tomar un poco de video, guardar la cámara de video, sacar la cámara fotográfica y tomar una foto, la experiencia era como estar en un circo de cinco pistas pero la adrenalina y la emoción me daban energía para eso y más.

La cara de mi madre de orgullo y satisfacción de si misma y la alegría de mi padre me inyectaban aún mas de energía, así que nada me pesaba y estaba disfrutando cada momento al cien por ciento.

Una vez frente a las vías, acordamos en que estación nos reuniríamos en caso de que yo no alcanzara a entrar con la silla pues mi padre seria como la sombra de mi madre y nada mas debía importarle.

Todo resulto maravilloso, la cultura de los franceses nos permitió siempre viajar en metro sin dificultad alguna, en cuanto mi madre entraba al vagón, las personas sentadas cerca de la puerta se levantaban para darnos los lugares y al salir nunca faltaba quien nos brindara su ayuda.

Llegamos pues a Mont Martre y caminamos varias cuadras hasta el famoso Molino Rojo, mi padre llegó varios minutos antes que nosotras pues como un niño que descubre la entrada al circo, caminó de prisa para meterse al área de taquillas e inspeccionar cada centímetro cuadrado del lugar.

Mi madre y yo le dimos su espacio y nos detuvimos en un lugar que nos permitía tener una amplia visión y tomar algo de video y fotos de mi padre.

Recordé que mi padre siempre le pedía a las personas que viajaban a Paris, una foto del Molino Rojo y cuando sabíamos ya que era un hecho nuestro viaje a Paris me dijo que lo único que me pedía era que le tomara una foto frente al Molino Rojo; así que decidí tomarle muchísimas fotos para asegurar que una de ellas fuera realmente buena.

Después del tiempo dedicado al Molino Rojo, caminamos hacia un sitio de taxis para que nos llevaran a la entrada de la hermosísima catedral del Sagrado Corazón.

La construcción es majestuosa y aunque no creo ser una mujer católica en toda la extensión de la palabra, Dios sabe que respeto cada sitio sagrado, cualquiera que sea la religión y siempre y cuando promueva el amor y la luz .

Mi madre subió la gran cantidad de escaleras con la ayuda de mi padre y yo con mi correspondiente cargamento, una vez adentro un solo pensamiento ocupaba mi mente>

“El tiempo de Dios es perfecto”.

A mis padres les llamó mucho la atención mi insistente interés por presenciar una misa en ésta catedral pues en la vida cotidiana, hago oración y medito todos los días pero solo voy a misa cuando se trata de un evento especial.

Otra vez, no puedo explicar que sucedía en mi interior pero era como si algo ó alguien me dijera que necesitaba escuchar una misa en ése lugar y reiteré a mi padre mi deseo, así que él se dirigió a la sacristía para preguntar los días y horarios de misas y como un regalito divino la respuesta fue que en 20 minutos daría inicio la misa.

Católicos o no, se que cualquiera que hubiera presenciado el evento se habría conmovido y es por eso que intentaré describir con palabras aunque de antemano se que todo lo que diga será inmensamente pobre; la poesía visual, auditiva, olfativa y táctil que resulto ser la misa en la catedral de Sagrado Corazón.

Estábamos sentados en la primera banca frente al altar, la construcción Romana Bizantina era el extraordinario escenario del mágico momento que estábamos a punto de experimentar.

Salieron 11 monjas impecablemente vestidas con sus hábitos negros con blanco, los hábitos eran verdaderamente espectaculares, el blanco casi brillaba como una luz y el negro, eran perfectos, al caminar daban la sensación de estar flotando; sus rostros parecían de porcelana y todas ellas sin excepción mostraban una pacifica sonrisa y miradas brillantes, era una verdadera poesía visual.

Cinco de ellas se sentaron del lado derecho del altar y otras cinco del lado izquierdo, una de ellas se quedo junto al extremo izquierdo del altar y comenzó entonces a dirigirlas. Sin música alguna, sin ningún instrumento musical empezaron a cantar, y lo hacían de una manera extraordinaria, aquí queda perfecta la expresión>

“Cantaban como los mismísimos ángeles”

Sus voces eran perfectas y la armonía de los agudos y graves que alcanzaban me hacían sentir la piel completamente electrizada.

Minutos después entró el sacerdote en una vestimenta impecable y elegante y su presencia me hizo sentir muy cerca de Dios, muy cerca de mi, muy cerca de todos y cada uno de los seres vivientes que habitan el cosmos. Como en todos los ámbitos, creo que existen personas con una verdadera vocación y este padre era una de ellas, le creí absolutamente todo, cosa que no me sucede siempre con los sacerdotes católicos.

La misa dió inicio y como conozco de memoria el ritual me deje envolver por la pacifica voz del sacerdote y lo mucho que me gusta escuchar el idioma francés, me sentí tan presente en ese momento que cantaba las canciones como si las conociera de siempre y respondía a la misa en francés como si fuera mi lengua madre.

Casualmente, aunque yo no creo en las casualidades si no en las causalidades, era el día de los arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel. Una vez mas el arcángel Miguel se hacia presente y sentía que era otra señal.

Con mi madre del brazo, comulgamos y recibir la comunión me regaló la sensación de estarme limpiando y a la vez liberando de algo inexplicable, internamente.

Al salir descubrí que al fondo se encontraba la representación del Arcángel Miguel y una vez que estuve frente a el, reconocí la misma sensación del día anterior en la plaza Saint Michel.

Aun cuando tuviera el don de la escritura, creo que me resultaría verdaderamente difícil expresar lo que en ese momento estaba viviendo, solo intenté compartir un poco de esta experiencia con ustedes.

Después de la misa, salimos con la intención de caminar por la plazuela de Mont Martre y admirar las obras de los diferentes pintores y caricaturistas para lo cual mi madre tuvo que bajar más de cien escalones y cuando llegó al último escalón, un par de personas la esperaban aplaudiendo, literalmente su esfuerzo. Aplausos, sonrisas y un par de palmaditas de los transeúntes fueron su recompensa.

Caminamos con dificultad alrededor de la plazuelita pues el piso es empedrado y mi mamá mas preocupada por no caerse que por mirar alrededor tenía cara de querer terminar pronto con el paseo. La silla de ruedas saltaba y se golpeaba por lo que de vez en vez la cargaba por el miedo a que se dañara, así que nuestro tiempo en este lugar fue corto.

Tomamos el autobús que nos llevó a la estación del metro y después de las conexiones necesarias regresamos a nuestro hotel.

Después de merendar bajamos a una salita que se encontraba en el primer piso y todo el lugar era para nosotros tres, mantuvimos una muy intima charla de varias horas que nos unió aún más como familia y ése día nos convertíamos en los mejores amigos y compañeros de ésta aventura que nosotros creíamos ya estaba por concluir, pero que en realidad aún nos esperaban muchas sorpresas.

Sábado 30 de septiembre

Hora de ponerse en lista de espera para regresar la mañana del 3 de octubre a México. Después de la rutina matutina tomamos el metro para dirigirnos a las oficinas de Aeroméxico en la avenida Maddeleine.

Al salir de la estación se encontraba frente a nosotros un imponente edificio, se trataba de la iglesia de la Maddeleine en la plaza de la Concordia. Olvidándonos por un momento de la lista de espera nos dirigimos al interior de la iglesia y en ése momento reflexioné en éste dato curioso: En la mayoría de mis visitas a lugares nuevos, siempre visito museos, sitios de interés pero ésta era la primera vez que sentía cierta fascinación y atracción por las iglesias.

Una vez dentro, las emociones comenzaban a invadirme, la iluminación, la decoración y la música de fondo me hacían volver a mí, en el altar una imponente representación de la virgen Maria y dos enormes arcángeles de cada lado, una gran obra de arte.

Creo que en éste viaje realmente pasé momentos muy espirituales y de gran reflexión en las iglesias que visité junto con mis padres. Sin entrar mucho en aspectos religiosos pues yo pienso que creas en lo que creas todos somos hijos de Dios; realmente estábamos siendo premiados por nuestra fe y nuestro esfuerzo para lograr convertir nuestro sueño en una fascinante realidad.

No puedo decir que era la primera vez porque ha habido muchas ocasiones pero durante todo éste viaje me sentí verdaderamente cercana a mis padres y los tres disfrutamos cada instante; cada vez que respirábamos nos sabíamos unidos y al mismo tiempo independientes, cada uno viviendo un mismo principio de realidad con tres perspectivas diferentes, que al final de cada día compartíamos y nos retroalimentábamos.

Caminamos varias cuadras hasta llegar a las oficinas de Aeroméxico que encontramos cerradas pues operan de lunes a viernes, así que decidimos recorrer las calles cercanas y regresar al Hotel y el domingo llamar al aeropuerto directamente para ponernos en lista de espera.

Estábamos merendando en nuestra habitación y planeando los últimos días que nos quedaban en Paris cuando el teléfono sonó, era mi amiga Yanet, escuchar su voz me emocionó y me hizo muy feliz. Me dejó saber que acababan de llegar ella y su novio Michael a un hotel cercano al mío, después de 8 horas de viaje por carretera.

Que especial me hacía sentir, el que su novio hubiera manejado 8 horas desde Alemania tan solo para que Yanet me viera un par de días.

Meses atrás cuando mi amiga se entero que viajaría a Paris, me pidió que planeara visitarla algunos días en Alemania pues hacía más de seis años que no la visitaba pero lamentablemente mi presupuesto no me lo permitiría y no podía ausentarme más de una semana ya que para Adriana y para mí, de septiembre a diciembre es nuestra época más intensa de trabajo.

Cuando se lo hice saber a Yanet en una demostración de verdadero amor me dijo que ella trataría de pedir algunos días de vacaciones para viajar a Paris y poder vernos, ese detalle me emociono muchísimo pues recién acababan de pasar sus vacaciones de verano de dos meses.

Ambas muy contentas acordamos vernos el día siguiente por la mañana para tomar el desayuno todos juntos, me dijo que ella y Michael estarían hasta el martes en Paris para pasar todo el tiempo con nosotros, colgamos el teléfono y con prisa me lave los dientes y me metí en la cama a dormir como si eso pudiera acelerar el tiempo y poder encontrarme con ella.

Domingo 1 de octubre

Desperté incluso antes del amanecer el cual pude apreciar a través de la ventana de la habitación que nos regalaba una excelente y privilegiada vista, me aliste y esperé pacientemente a que mis padres hicieran lo mismo; cinco minutos antes de la hora acordada ya estábamos sentados en los cómodos y elegantes sillones del lobby aguardando la llegada de Yanet y Michael.

Al ver a Yanet aproximándose a mi, me apresuré a su encuentro y nos fundimos en un cariñoso y fraternal abrazo, inmediatamente después me presentó a Michael quien al abrazarme de inmediato sentí como si estuviera abrazando a un miembro de mi familia y el mismo sentimiento que me provoco el abrazo de mi amigo Toño en la Plaza Saint Michel, esta vez lo provocaba Michael.

Por un momento pensé: “Laura, estas lejos de tus raíces y cualquier persona cercana te provoca ésta sensación, además como diría Adriana: “¡Lao, tu a todo el mundo adoptas de inmediato!”

Al mismo tiempo algo dentro de mi me decía que lo que sentía era muy poderoso y demasiado real, después pude notar que mi madre abrazo a Michael con mucho cariño y cuando mi padre y Michael se abrazaron se trato de un momento muy especial, era como ver a dos pequeños hermanos re encontrándose.

Salimos todos del hotel y nos dirigimos a un tradicional café para tomar el desayuno, mi madre, Yanet y yo conversábamos y nos poníamos al día de los eventos más importantes de los últimos seis años; cuando me di cuenta de que mi padre y Michael hablaban sin parar, me sorprendí pues era la primera vez en toda mi vida que veía a mi padre hablando en ingles con toda seguridad y con una cara de alegría que hacía mucho no veía.

Después del desayuno fuimos a nuestra habitación para planear nuestro día pero antes debería llamar a Aeroméxico para ponernos en lista de espera.

Fue entonces cuando llegó el primer momento de crisis, la señorita de Aeroméxico me informaba que debido a la semana de moda en Paris y las vacaciones de tres semanas de los colegios en Europa, los vuelos Paris-México estaban sobre vendidos y había 20 personas en lista de espera antes que nosotros; así que la posibilidad más cercana de viajar de regreso a México era en el vuelo del 11 de octubre.

Ante tal noticia le pedí a la señorita que me pusiera en lista de espera de cualquier manera y ella me recomendó llamar todos los días para ver si existía alguna posibilidad de tener lugar en algún vuelo de regreso a México.

Al colgar, mis amigos y mis padres me dijeron que estaba pálida y me preguntaron qué sucedía, les informe la situación y noté la gran preocupación de mis padres. Mi mamá estaba comprometida a confeccionar cuatro vestidos para las damas de una boda que debía entregar el 9 de noviembre y la noticia la puso muy nerviosa, mi padre seguramente pensó en que no teníamos presupuesto suficiente para sobrevivir en Paris tantos días y yo no podía pensar nada con claridad, el miedo me invadía y no tenia idea de cómo resolver mi circunstancia. Seguramente el arcángel Miguel estaría pensando, ¡No has aprendido nada niña!

Fue en ese momento que Yanet nos sugirió>

“Cancelemos las noches reservadas en los hoteles y viajemos mañana mismo a Alemania, así podrán quedarse en mi casa y no tendrán necesidad de gastar en hospedaje ni comidas y el 10 de octubre, Michael y yo los acercaremos a Bélgica ó Colonia para que tomen un tren ó avión a Paris e intenten regresar el día 11; para mi madre y mi hermano sería un hermoso regalo que los visitaran y para mi seria un gran honor tenerlos en casa”.

Me abrazo y me dijo dulcemente>

“Laura, no te preocupes, con mucho cariño te lo ofrezco y creo que es una muy buena opción”.

Con una enorme gratitud acepte su propuesta y con toda la pena del mundo pues era la primera vez de Michael en Paris y después de haber manejado 8 horas el sábado, repetiría tal evento al día siguiente! No podía evitar sentirme mal, además nos acabábamos de conocer. No era la mejor manera de empezar nuestra relación.

Como era de esperarse, siendo la primera vez de Michael en Paris y solo un día para disfrutar, era obvio que lo que quería era visitar Eiffel, así que nos dirigimos a conseguir un par de taxis y llegar hasta la torre; en el camino, nos saludábamos de taxi a taxi y yo intentaba dar lectura a la expresión de Michael que siempre fue de felicidad y se notaba que se sentía muy cómodo, eso me tranquilizo y comencé a relajarme.

Una vez más en Torre Eiffel, adivino que si la visitaría tantas veces cómo me fuera posible en ésta vida, la sensación de fascinación siempre sería la misma. De frente, por un costado, por debajo, cualquiera que sea el ángulo desde el cual la mire, me maravilla su elegante vestido de encaje metálico y me hace sentir como una niña que juega que es una princesa y la torre es su castillo

Michael decidió subir a la Torre, así que Yanet que le teme a las alturas, se hizo cómplice de mi madre y decidieron que darían un paseíto por los alrededores. Mi padre estaba sentado en una banca y muy bien arropado pues una nube negra nos amenazaba de lluvia. Esta vez la carita de mis padres no se parecía en nada a la que me mostraban la primera vez en Eiffel, ahora los veía preocupados y a la vez emocionados ante una situación imposible de controlar, que le pone emoción a la vida.

Yo saqué mi cámara de video para intentar captar a Michael en las alturas pero no tuve suerte, más tarde mi padre con una intensidad como la de un gigantesco imán que atrae a una pequeña pieza de metal, volteó directamente hacia donde se encontraba Michael que ya nos tomaba fotos desde arriba.

Una breve lluvia nos obligó a subir a una de las tienditas de suvenires y muy poco tiempo después los esplendorosos rayos del sol nos invitaban a seguir caminando bajo la torre. Michael regresó con algunas fotos extraordinarias y decidimos ir a comer unas deliciosas crepas parisinas.

Les sugerí a Michael y Yanet que tomaran el autobús rojo mientras nosotros regresaríamos al hotel a empacar maletas y descansar un poco, así que acordamos vernos para merendar.

Una vez en el hotel mis padres y yo decidimos hacer un pacto, en realidad angustiarnos no iba a solucionar el problema de los vuelos sobrevendidos así que decidimos fluir y dedicarnos a disfrutar cada instante de los próximos nueve días y gastar tan solo lo indispensable, y fue así que nos abrazamos y cerramos el trato.

Una cena deliciosa en un restaurante Parisino con un vino extraordinariamente exquisito y la más agradable compañía, fue uno de los tantos regalos del Arcángel Michael terrenal y mi angelita Yanet.

Lunes 2 de octubre

Con maletas listas y todo en orden con el check-out, Yanet y Michael pasaron por nosotros. No tengo idea de cómo lo hizo pero Michael logro meter en la cajuela de su BMW, la silla de ruedas, sus dos maletas medianas, nuestras dos maletas grandes y la andadera de mi mama. El modelo del auto no lo recuerdo pero a pesar de que es grande, tenia un gran merito haber acomodado perfectamente bien el equipaje, así que muy cómodos viajamos los cinco durante 9 horas rumbo a Alemania.

El viaje fue extraordinario, los paisajes una sinfonía, Michael se detenía cada hora y media o dos para que mi madre caminara un poco y quien necesitara ir al sanitario lo hiciera, comíamos deliciosas golosinas, frutas y bebidas y hablábamos de nosotros y de esa manera nos conocíamos más; entre más conocíamos a Michael y reconocíamos a Yanet más felices y cómodos nos sentíamos con ellos.

Bélgica y Luxemburgo tenían una energía espacialmente compatible conmigo y nada más que decir.

Llegamos después de las siete de la noche a casa de Maria, la madre de Yanet, en donde ya nos esperaba con una extraordinaria cena y su característica sonrisa. Abrace a Maria y el abrazo duró el tiempo necesario para expresarnos la enorme alegría que nos daba el re encuentro y mi eterno agradecimiento por la protección que me brindaba; le presenté a mis padres e inmediatamente los llenó de atenciones especiales y ellos se sintieron realmente bienvenidos.

Minutos después entro Edy, el hermano de Yanet, mi amado amigo, nos dimos un abrazo enorme y yo no dejaba de agradecerle a Dios la oportunidad de poder abrazarlo, pues hace cuatro años que ha estado muy enfermo y durante ese tiempo ha estado de una manera especial en mis oraciones.

Aún enfermo debido a que es un hombre muy valiente y fuerte no deja de verse guapo y aunque su mirada era un poco triste, siempre estaba sonriendo.

Sonreír todo el tiempo es una característica de la familia Quintana.

Después de cenar delicioso, Michael nos dijo que quería que nos quedáramos en su casa, en Pixeler un pueblito a media hora de Lippstadt y a quince minutos de Benteler que es el lugar en donde vive mi amiga Yanet, el quería que los tres estuviéramos cómodos y todos los días nos irían a buscar para ir a visitar los alrededores; ese gesto de confianza nos llenó de amor y gratitud pues a pesar de ser amigos de su novia realmente nos acababa de conocer.

Aún de noche el camino a Pixeler es fascinante, enormes arboles, la luz de la luna y cientos de estrellas en el cielo, algunas zonas de niebla le daban cierta ensoñación al recorrido; una vez en Pixeler nos quedamos asombrados con la belleza de la casa y el jardín frontal en donde nos recibía el que yo adoptaría mas tarde como mi Nogal.

Mis padres se instalaron en la recamara principal y yo en el estudio, un amplio baño y una enorme cocina estaban a nuestra disposición, el cuarto de lavado era mi sitio para fumar un cigarrillo en las noches y hacer mi retrospectiva diaria de lo sucedido durante el día. Una chimenea antigua era mi artefacto favorito del lugar.

Martes 3 de octubre

9:30 am, abrí los ojos y por unos instantes intente reconocer el lugar en donde me encontraba, el sillón en donde dormía se convertía en la mas confortable cama King size, el edredón de plumas permitía que toda la noche tuviera la temperatura ideal, los rayos del sol entraban por las dos ventanas del estudio y al incorporarme el paisaje era extraordinario.

A lo lejos se veían hectáreas con sembradíos de maíz, árboles frutales y animales de granja, justo frente a mí en el jardín frontal, mi Nogal, al que años atrás le habían cortado una de sus ramas y ahora parecía un enorme ojo que me observaba y me daba los buenos días, cada día que desperté en Pixeler.

Además de su amigable mirada con su enorme ojo, cada día nos regalaba decenas de nueces con las que llenábamos una cubeta mediana. A mi me regalaba al mismo tiempo, la oportunidad de conocer como es que nacen las nueces pues no tenia idea de que colgaban del árbol envueltas en una gruesa cascara verde que poco a poco se reventaba hasta liberar a la nuez y dejarla caer del árbol.

Después de bañarnos y arreglarnos, llamé a mi amiga Yanet como acordamos y veinte minutos después llego Michael por nosotros.

Llegamos a Benteler a la casa de Yanet en donde ya nos esperaba con el desayuno listo y después de desayunar bajamos al área de lavado para lavar toda nuestra ropa y secarla para tener ropa limpia que usar los siguientes ocho días.

Más tarde dimos un recorrido por Benteler hasta Lippstadt y visitamos el centro de Lippstadt.

Las pastillas para la presión de mi padre se agotaron lo cual representaba un gravísimo problema pues en Alemania nadie te vende ni una pastilla si no es mediante una receta médica y como extranjero una consulta médica nos saldría muy cara.

Si se sorprende a una persona vendiendo pastillas sin receta medica, corre el riesgo de perder la licencia farmacéutica.

Uno de los tíos de Yanet esta casado con una angelical mujer alemana quien es Química Farmacobióloga y es dueña de una farmacia. Yanet la llamo explicando nuestra situación y accedió a vernos; llegamos a la farmacia y entramos envueltos en un ambiente casi clandestino, la maravillosa mujer nos explico que ponía en riesgo su licencia porque sabia que estaba salvando una vida pues era extremadamente peligroso que mi padre dejara de tomar sus pastillas ya que corría el riesgo de un infarto fulminante.

Mi padre, mi madre y yo la abrazamos y no puedo recordar cuantas veces agradecimos su amorosa acción.

Yo había solicitado la ayuda de todos los ángeles, los santos y mis seres que han trascendido para que pudiésemos conseguir el medicamento para mi padre y en especial molesté a algunos amigos cercanos que se dedican a dar Reiki, los sabía dormidos, así que les pedí me acompañaran a abrir los caminos para lograr nuestro cometido.

Al salir de la farmacia una pluma de paloma caía a mis pies y en mi mente solo visualizaba la presencia de mi amiga Gisell, recogí la pluma y agradecí, solo ella entiende este evento y no pienso dar explicación por respeto a ella y sus maestros ascendidos.

Por la noche cenamos en Pixeler, Yanet y yo preparamos la cena hasta que llegó la hora de decir hasta mañana, después de risas y una fascinante charla.

Miércoles 4 de octubre

Visitamos un bello bosque, arboles gigantescos, una camino de arena nos hacía sentir dentro de un cuento de hadas, pasto verde bien recortado y sin una sola basura, puentes pequeños y de pronto mi gran sorpresa: Percibía con una altísima fidelidad el aroma del bosque, ni nariz respiraba sin dificultad alguna, mi olfato regresaba después de seis años. ¡Fue uno de los momentos más felices!

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, muchos de ustedes saben que perdí más del 60% del olfato hace seis años y que era por excelencia mí sentido más agudo. Yo podía percibir a las personas y reconocerlas por su olor, en especial a mis padres, a mi prima Carla, mi amiga Magda, Adriana y mi amiga Atenea.

Recobrar la nitidez de mi olfato era un regalo divino, me dediqué a olfatear a la distancia, cada tronco, cada rama, cada flor, la tierra, el agua y los animales, reconocí el aroma de mis padres y me sentí inmensamente feliz, no importaba cuanto tiempo lo viviría, lo estaba disfrutando en el aquí y el ahora. ¡Gracias Dios!

Recorrimos parte del bosque por largo tiempo, Yanet llevaba a mi madre en la silla de ruedas, varios metros atrás de ellas, Michael y mi padre conversaban todo el tiempo y yo muchísimos metros más alejada de ellos, podía disfrutar de todo el escenario; mi ser se expandía y me sentía plena, solo vimos a un par de personas, la mayor parte del tiempo el bosque era para nosotros y durante la caminata tuve tiempo de meditar sobre mi razón de existir en esta vida y el paseo fue revelador.

Después de nuestro paseo por el bosque nos dirigimos a Rheda, lugar en donde viven los padres de Michael, otro maravilloso encuentro nos esperaba.

La casa de los padres de Michael es como una de esas casas que me fascina ver en las revistas de decoración, son cuatro pisos con un lindo techo a dos aguas, la casa huele al pan recién horneado que todos los días prepara la madre.

Las manzanas que regalan los arboles de Pixeler son utilizadas todos los días por el padre para preparar el mas rico jugo de manzana que he probado en toda mi vida.

Los padres nos recibieron con una maravillosa hospitalidad y nos sentamos en el comedor que tenia un impecable mantel blanco deshilado y bordado, los platos y las tazas de porcelana tenían un exquisito diseño y la madre traía de la cocina un pastel de frambuesas recién cortadas en Pixeler, que había horneado para nosotros.

En ese momento preparó crema batida para acompañar el pastel y servir sobre el café.

Charlamos varias horas y mas tarde el padre llevó a mi papa a conocer el salón en donde colgaban sus trofeos de caza y mi madre recorría los jardines de la casa con Yanet y la madre de Michael.

Michael y yo hablábamos sobre el gusto enorme y mutuo de habernos conocido.

Todos en Alemania nos hicieron sentir bienvenidos y muy cómodos.

Jueves 5 de octubre

La rutina matutina que había comenzado a ser parte de nosotros nos divertía muchísimo, recolectar la cubeta de nueces, cortar una docena de manzanas para el jugo del padre de Michael y nuestro desayuno, calabazas para la comida, y comer frambuesas recién cortadas durante nuestra cosecha nos hacia sentir muy cerca de nuestra madre tierra, introducir un alimento fresco a nuestro cuerpo en plena conciencia, es una comunión.

Esta vez Michael pasó por mis padres para llevarlos a seguir conociendo lugares cercanos y Yanet pasó por mi en su flamante Alfa Romeo, negro, de dos plazas, para ir supuestamente de compras pero en realidad esa era la versión para Michael, pues su cumpleaños sería el domingo 8 de octubre y el sábado habría una fiesta en casa de sus padres, así que Yanet me pidió que la acompañara a comprar el regalo que le daría a su novio.

Echamos a volar nuestra creatividad y fuimos a conseguir un juego de foot ball para niños ya que el regalo seria unos boletos para toda la temporada de juegos del equipo favorito de Michael en Dortmond.

Fuimos a comprar los boletos y preparamos una tarjeta con una trivia que debería resolver Michael el día de su fiesta para conseguir su regalo.

También compramos una tarjeta de cumpleaños que firmaríamos la familia de Yanet, mi familia y la mejor amiga de Yanet.

Yo no tenía la más mínima idea de lo que estaba a punto de vivir:

Yanet llamó a su amiga para encontrarla en su oficina y que firmara la tarjeta pero como todo era en alemán, yo no entendí ni una sola palabra.

Nos dirigíamos a la oficina de su amiga y yo comencé a reconocer el camino, el corazón empezó a latirme fuertemente y sudaba frio cuando entrabamos al estacionamiento de Schieffer, la empresa en donde trabaja mi amiga Yanet y su mejor amiga.

La misma empresa para la cual yo trabajaba en México y Yanet era mi contacto en Alemania, la misma que Magda y yo intentamos representar de manera independiente y que nuestro antiguo jefe defendió a capa y espada y además este hecho, provoco su ira y decepción contra nosotras.

Evitando el pasar por la puerta principal y registrarme, Yanet me condujo hacia la oficina de su amiga pasando por el lugar en donde Magda y yo tomábamos nuestras capacitaciones y fue entonces cuando todo comenzó a darme vueltas, millones de emociones explotaban y hervían dentro de mi ser, el sonido exterior se apagaba y el cerebro ya no me funcionaba de manera adecuada.

Tuve que hacer un alto y mi amiga notó mi palidez asistiéndome y preguntándome que podía hacer por mí, le pedí que me abrazara y le aseguré que pronto me recuperaría, seguimos caminando despacio hasta la oficina de su amiga quien firmó la tarjeta y amigablemente me saludaba asegurándome que Yanet le había hablado de mí.

Las piernas me temblaban y con una sonrisa mas que fingida, conversé muy brevemente con la amiga.

Salimos del lugar y en el recorrido a la salida, tuve una de las mas extrañas sensaciones que he tenido, sentí como si un cuerpo energético saliera de mi y eso me hacia sentir liberada y caminaba mas liviana sin sentirme del todo bien; continuaba llorando y un escalofrió recorría mi cuerpo, entonces un pensamiento se apodero de mi> “He tenido la oportunidad de regresar a este lugar para cerrar completamente un ciclo y terminar con una de las pesadillas más terribles de mi vida”.

Venían a mi mente imágenes de todas las personas con las que trabajaba en Artipac, de todas las personas con las que trabajaba en Schieffer y de los eventos más terribles vividos con Magda y con Kabiria, todos de golpe y en segundos.

Toda la energía que dejé en ése lugar me era devuelta y al mismo tiempo toda la energía que había robado de ese lugar, salía de mí, para quedarse.

Fue el momento más intenso durante mi estancia en Alemania.

Mi amiga Yanet me consolaba y me hacia reflexionar sobre la valiente e inteligente persona que soy, lo cual me alentó, y todo el camino de regreso viajamos en silencio; su presencia y su amistad me consolaban en ese silencio compartido.

Por la noche en el cuarto de lavado, mientras me fumaba un cigarrillo pude darle lectura al evento con la pertinente distancia critica y me di cuenta de que aún cuando muchos años atrás había cerrado el ciclo con todas las personas involucradas, no lo había hecho con el lugar y Dios me había regalado la oportunidad de hacerlo en ésta misma vida, lo cual es un verdadero privilegio.

Este evento fue un parte aguas en mi vida y a partir de ese día me sentí muy diferente, una metamorfosis interna sucedió en mi ser y ésa noche dormí muy tranquila y extraordinariamente feliz.

Incluso físicamente algo sucedió, pues al día siguiente la ropa me quedaba mas holgada que de costumbre y era la evidencia de que algo que no me pertenecía me había estado acompañando los últimos siete años y ahora me sentía muy contenta de no tenerlo más conmigo. Al verme al espejo pude notar que mi mirada se había transformado, darte cuenta de ello en ti misma es algo intenso.

Viernes 6 de octubre

Uno de los mejores amigos de Michael, Heyko, su esposa Ulrike y su hijo adolescente Erick que viven cerca de Berlín, viajaron la noche anterior para quedarse en casa de Yanet y Michael pues estaban invitados a la fiesta de cumpleaños y se quedarían hasta el domingo.

Así que desayunamos todos juntos e hicimos muy buena química, Ulrike, Yanet y yo nos fuimos a recorrer supermercados intentando encontrar los mayores ingredientes posibles, pues esa noche yo cocinaría una cena mexicana para doce personas y Yanet, Ulrike y mi madre me ayudarían.

Llegaron algunos amigos más de Michael y en un ambiente muy agradable con música en español, cenamos tortillas recién hechas, Tinga de pollo, salsa mexicana, salsa ranchera, Molletes, picadillo y quesadillas.

La cena fue un éxito y todos aplaudieron literalmente mis dotes culinarias, recibí las llamadas telefónicas de mis amigos Paco y José Luis que me expresaron su total apoyo y aseguraron rezarían para que sin dificultades pudiera regresar a México el 11 de octubre. Mi amigo Paco me pidió sincronizáramos nuestros relojes y a las cinco de la tarde para el, 12 de la noche para mi, y juntos haríamos nuestro acostumbrado ritual para abrir los caminos y decretar que abordara el avión la fecha deseada.

Sábado 7 de octubre

Desayunamos los ocho, mas tarde Michael y mis padres se fueron de paseo, Yanet y yo fuimos a comprar algunas cosas para la fiesta de la noche y a conseguir más harina de maíz pues Michael y sus amigos querían más tortillas para la fiesta.

Por la tarde, Mis padres y yo nos fuimos a Pixeler para alistarnos para la fiesta. Mi madre y yo nunca confesamos que era la primera vez que hacíamos tortillas porque temíamos perder nuestra imagen como mexicanas así que reíamos todo el tiempo con miradas de complicidad mientras hacíamos nuestras tortillas y nos fascinábamos cada vez que se inflaban en la sartén. Descubrimos que somos muy buenas haciendo tortillas y nos sentimos muy orgullosas de ello ya que a falta de maquina usábamos un rodillo de madera y un par de papeles de cera. Fue toda una aventura.

Nos arreglamos y por primera vez planchamos la ropa que usaríamos; nos peinamos con pistola de aire, nos veíamos muy guapos los tres.

Llegamos a casa de los padres de Michael, la fiesta fue en uno de los salones de la casa con cálidas paredes de piedra, al fondo una linda chimenea; cómodos sillones tipo gabinete con mesas largas de madera rustica, y luz indirecta. Daba la impresión de estar en una taberna y la música era muy agradable.

Varios amigos de Michael habían llegado y teníamos una emoción colectiva especial, pues era la primera vez que la madre de Yanet y su hermano conocerían a la familia de Michael.

Frank uno de los hermanos de Michael fue mi compañero gran parte de la noche y yo me sentí muy orgullosa de mi misma de poder conversar durante tantas horas en inglés, y de que casi todo me entendía. (Debo confesar que el tiempo presente y pasado simple eran casi los únicos en conjugar) Pasamos una noche muy agradable; de vez en cuando me sentaba con las diferentes amigas de Michael y también pasaba tiempo con Yanet, Michael y Edy.

Mis padres conversaban con los padres de Michael y la madre de Yanet y todos la estábamos pasando realmente bien.

La madre de Michael preparó una sopa tradicional alemana, exquisita; todos querían probar las tortillas y hasta frías las saboreaban. Yanet preparó una ponchera de la bebida mexicana llamada, paloma con la botella de tequila que les regalamos y el padre de Michael preparó varias botellas del elixir de manzana.

A las doce de la noche todos pasamos a una de las salas de la casa y cada uno le entrego sus regalos a Michael.

Cuando Yanet le dió la tarjeta con la trivia yo la auxiliaba haciendo aparecer cada uno de los elementos del juego de foot ball y una vez que metió un gol, le entrego el sobre con los boletos, lo cual lo lleno de emoción y la abrazo fuertemente.

Mi madre había bordado un pensamiento especial para Michael y junto con una tarjeta que mi padre le había comprado se lo entregamos.

Frank preparo un delicioso Tiramisú, que se coloca en la cocina junto con platos y cucharas y cada uno de los invitados nos servimos al gusto.

Snaps para decir salud y la fiesta continó hasta las cuatro de la mañana.

Mis padres y yo nos fuimos en un taxi a Pixeler y disfrutamos el camino nocturno aún con mayores tramos de niebla. Podíamos con toda confianza dirigir al chofer pues ya conocíamos perfectamente el camino.

Domingo 8 de octubre

Despertamos casi a las 11 de la mañana, cosechamos, nos alistamos y llamamos a Yanet.

Almorzamos por última vez los 9, ya que esta vez Frank nos acompañaba; después de contestar a las preguntas que sobre nuestro país nos hacían y repartir algunas monedas y boletos del metro que con entusiasmo recibían, como si fueran regalos valiosos; nos tomamos un par de fotos de grupo y nos despedimos de nuestros nuevos amigos alemanes con la promesa de volvernos a encontrar en México ó Alemania.

Yanet, Michael, mis padres y yo salimos a dar nuestro acostumbrado paseo por las calles de Benteler disfrutando de los colores que nos regalaban los amplios jardines de las casas, caminando a lado de sembradíos y conversando con tranquilidad hasta regresar de nuevo a la casa.

Fuimos por última vez a casa de María para cenar y seguir festejando a Michael; vimos una película y Edy me prestó su lap top para revisar mis mails, reservar el hotel en Paris y comprar los boletos de avión de Colonia a Paris.

Pase más de una hora platicando con la madre de Yanet en la cocina quien me dejaba ver lo importante que soy para ellos y el entrañable amor que me tienen; nos confesábamos lo presente que estamos mutuamente en nuestros pensamientos aún cuando estamos tan lejos y el único medio de comunicación que tenemos son los esporádicos mails que nos enviamos ó pequeños regalos por correo.

Cuando llegó la hora de despedirnos no pude evitar llorar, esta vez si lloraba de nostalgia y del choque de emociones de saber que tenía que regresar a mi país y al mismo tiempo querer poder pasar más tiempo con la familia Quintana y la certeza de que un océano, muchas horas de vuelo y mucho dinero nos separan.

María me abrazó fuertemente, se separó, me miró a los ojos y me dijo enérgicamente, pero con una mirada amorosa>

“Laura, debes aprender a ser más fuerte en todo” y me colocó su mano en mi pecho a la altura de mi corazón.

Sus palabras retumbaban en mi mente durante todo el camino a Pixeler y no podía dejar de llorar reconociendo que me falta mucho para tener la fortaleza que mis amigos Quintana han adquirido en estos 16 años desde que llegaron de Salvador a Alemania.

Una parte de mí, quería que todos desaparecieran del auto para poder darle salida al nudo de energía que se acumulaba en mi garganta y yo intentaba ocultar. Mi madre lo notó y solo me abrazó en silencio hasta que llegamos a nuestro destino.

Al bajar del auto, Yanet me abrazo y con ese abrazo intuí que me hacía saber que me comprendía, pero ella si que ha trascendido las despedidas y maneja con una maestría la aceptación del principio de realidad.

Entré a mi habitación y olvidándome de todo, di salida a mis emociones en la soledad y oscuridad de mi espacio asignado en ese momento.

Lunes 9 de octubre

Esta vez después de la rutina matutina, Michael y Yanet nos llevaron a un paradisiaco parque en donde se encuentra un Castillo con su pequeño bosque en el pueblito de Rheda, lugar en el que viven los padres de Michael.

El Castillo se encuentra en una colina, abajo un par de lagos y en medio un ancho camino lleno de arboles gigantes y verdes prados.

En los lagos, familias de patos verdes con café, cisnes negros y peces enormes. El tronco de un inmenso árbol interrumpía parte del camino, corrí a abrazarlo y después mis padres y amigos hicieron lo mismo al tiempo que les explicaba mi ritual>

“Si un árbol me gusta, le pido permiso para abrazarlo y con ese abrazo lograr intercambiar nuestras energías, entonces el árbol en su condición natural, absorbe toda la energía negativa que hay en mi y la transmuta en energía positiva, dejándome así purificada y a el no le afecta pues ya lo ha trasmutado”

Una pequeña cascada nos regalaba el fascinante sonido de fondo, los rayos del sol traspasaban las ramas de los árboles y una vez mas era como pertenecer a un hermoso cuento de hadas.

Una vez terminado nuestro paseo, fuimos por última vez a la casa de los padres de Michael para despedirnos con el acostumbrado pastel recién horneado, café, té para mi madre y los últimos vasos del exquisito jugo de manzana.

Nos despedimos felices de habernos conocido y amorosamente nos dijimos> “Hasta la próxima” Michael me ayudo a agradecer en alemán a su madre su hospitalidad y nos marchamos a Pixeler.

Llegó mi amigo Edy para saborear lo que seria nuestra última merienda en Pixeler y que Yanet y Michael prepararon mientras mis padres y yo hacíamos las maletas.

Reímos, charlamos y cenamos. De una manera mas intuitiva que profesional le di una pequeña sesión de sanación a mi amigo Edy que se mostró muy abierto y creyente y con todo mi amor le pedí a Dios me permitiera ser un canal de energía sanadora para ayudar en mucho ó en poco a que mi amigo recobre su salud.

Cuando llegó la hora de despedirme de Edy una vez más lloré como tonta y lo abracé fuertemente, Edy prometió escribirme más seguido y mantenerme al tanto de su salud.

Ya ni platicarles de mi noche de nostalgia y sentimientos encontrados.

Martes 10 de octubre

Por última vez la rutina matutina en Pixeler, esta vez Yanet vendría a desayunar con nosotros ya que Michael tendría que presentarse en su trabajo.

Aniversario de la muerte de mi abuela paterna, Josefina quien siempre me tiene preparados eventos especiales en ésta fecha.

Que más especial que mantenerme en Alemania para su aniversario. ¡Vaya loca! ¡Muchos deben comprender ya de donde heredé la demencia!

A pesar de que Yanet recibiría su nuevo ascenso en el trabajo, pidió un día más de descanso para quedarse con nosotros lo cual, una vez más me parecía un súper regalo amoroso. Festejamos los cuatro su nuevo logro con jugo de frutas, pan, mermeladas, carnes frías, quesos y café.

Desayunamos, nos despedimos del lugar, abracé a mi nogal agradeciendo su mirada diaria y sus frutos regalados, tomé un par de fotos, metimos el equipaje al auto y acompañamos a Yanet a Lippstadt a hacer algunas compras.

Llegamos a Benteler para esperar la llegada de Michael quien había pedido medio día en el trabajo para poder viajar dos horas y media a Colonia y llevarnos al aeropuerto.

Nuestro avión salía a las 7:45 pm, documentamos y esperamos pacientes la llegada del voluntario de la cruz roja que traería una silla de ruedas y nos conduciría a la puerta del avión.

Tomamos las ultimas fotos con la cámara de Michael pues las mías ya estaban empacadas y seguramente en el avión.

Yanet nos expresó su enorme deseo de pasar con nosotros su cumpleaños número 30 ya que será un evento muy especial y quiere compartirlo con nosotros.

Ella y su familia viajaran después de 16 anos a Salvador y Michael los acompañará, así que hicimos el compromiso de viajar a Salvador para estar con ella a mediados del próximo año y estoy segura de que así será si Dios así lo tiene dispuesto.

Llegó la hora de la despedida, ésta vez no solo yo era la que lloraba, mis padres dejaban ver sus miradas cristalinas y su expresión de nostalgia.

Abracé a Michael y una vez más le di las gracias desde el fondo de mi alma, en ese momento todo lo mejor de mi se lo regalaba en un abrazo y me sentí ampliamente correspondida.

Abracé a mi amiga Yanet y quería que el abrazo fuera interminable, nos dijimos lo mucho que nos amamos y nos quedaba la esperanza de encontrarnos el próximo año.

Siguiendo al auxiliar de cruz roja que llevaba a mi madre y mi padre que caminaba junto a ellos, volteaba de vez en vez para dar las últimas miradas a mis amigos que me despedían con las manos y dejarlos grabados en el archivo de imágenes amadas en mi mente.

Cuando ya no pude verlos más, ya nada podía ver, pues las lagrimas empañaban mi vista y tal y como los rápidos limpiadores de un auto, tenia que limpiar mis lagrimas con mis puños para evitar tropezar con algo en el camino.

Una larga fila de pasajeros esperaban el momento de entregar sus boletos y abordar, esta vez con la condición de nuestros boletos se nos permitió ser los primeros en abordar en el avión que nos llevaría en el lapso de aproximadamente dos horas, a Paris.

Eran las once de la noche cuando abordamos el camión que nos llevaría del aeropuerto al hotel que se encontraba a tan solo un kilometro de distancia.

Era un hotel práctico pero nada elegante y la limpieza dejaba mucho que desear, la habitación muy reducida con una litera y una cama matrimonial. Del olor a humedad mejor ni hablar y toda una odisea intentar sacar a cinco moscas de las cuales muy a mi pesar, dos tuvieron que morir.

Nos dormimos casi inmediatamente pues al día siguiente deberíamos estar lo más temprano posible en el aeropuerto.

Miércoles 11 de octubre

El despertador sonó a las seis de la mañana, nos bañamos y a las 7:15 estábamos abordando el camión que nos llevaría al aeropuerto.

A las 7:30 estábamos en el aeropuerto, después de casi media hora de recorrido y extravíos logramos dar con el mostrador de staff de Aeroméxico.

El hombre del mostrador al ver a mi madre en silla de ruedas me regañó todo lo que pudo y no dejaba de repetirme lo inconsciente que soy al viajar con una persona en silla de ruedas y boletos sujetos a espacio, me hizo hincapié en todos los problemas que ocasionaba a la aerolínea y con malos modos, documento mi equipaje.

Me pidió que conservara mis maletas hasta las 9:30 am ya que el avión salía a las 10:15 am y hasta esa hora podrían determinar si abordábamos ó no, el avión.

Tomamos asiento en silencio pero estoy segura de que mis padres al igual que yo, estaban invocando nuevamente a todos los ángeles, santos, seres iluminados y amigos que seguramente habían orado para que pudiéramos tomar ese avión.

Llegaron cuatro personas con dos maletas cada uno y por si fuera poco una enorme jaula con un perro golden, un bebé y una carriola, lo cual reducía el porcentaje de posibilidades para abordar el avión ya que se trataba de un piloto de air france y su familia (y mascota). Documentaron y les recibieron el gran equipaje.

Más tarde llegó un ex piloto de Aeroméxico y su familia (y equipaje correspondiente) con el que intercambie una breve charla, suficiente para mermar mi fe y valentía.

Me platicó que sus vacaciones por Europa estaban planeadas para finalizar el 18 de octubre pero sus contactos le comentaron que todos los vuelos estaban sobre vendidos y las posibilidades de viajar con boletos sujetos a espacio era éste día, porque aun cuando el vuelo estaba casi lleno, no estaba sobre vendido y la siguientes fechas probables eran a finales de octubre ó principios de noviembre; así que decidió interrumpir sus vacaciones.

Me alejé tan pronto como pude de aquel hombre y los nervios comenzaron a traicionarme. Me senté sola en una esquina y respiré profundamente, varias veces, repitiéndome mentalmente: “El tiempo de Dios es perfecto” evocando a mi súper Brujís Mary Carmen y mi amigo Paco.
Sabía que tenía que fluir y aceptar con serenidad mi destino, sabiendo que no tengo el control de absolutamente nada y mi libre albedrío me permite decidir si sufro ó gozo mi principio de realidad, pero no modificarlo a mi conveniencia.

Sabía que tenia que hacer todo lo que estuviera a mi alcance para lograr mi cometido y hacer que las cosas sucedan, pero al final el resultado no está en mis manos.

Una vez con mi auto terapia y mucho más tranquila me reuní con mis papas y los tres acordamos tener fe en que ese día viajaríamos de regreso a casa.

A las 9:45 me acerque al mostrador al ver que nadie me llamaba y le dije a mi enojado amigo, con la cara mas amable que se poner y en el tono mas humilde posible>

“¿Hay alguna posibilidad de que tome el vuelo a México?”

El hombre tan enojado como antes, hizo una llamada haciendo ademanes de inconformidad y señalando a mi madre como si la persona del otro lado del teléfono pudiera verla.

De mala gana me dijo que recibiría mi equipaje pero no la silla de ruedas pues era demasiado tarde para llamar a un auxiliar así que yo misma debería llevar a mi madre hasta el avión.

Sin representar eso un problema para mí, obedientemente asentí y le entregue mi equipaje. Temerosa le pregunte de la manera mas cordial, que sucedería con mi equipaje en caso de no abordar el avión y con su característico tono histérico me informó que mi equipaje volaría a México pues no se iban a poner a buscarlo para regresármelo, con riesgo a atrasar el vuelo, pues cada minuto costaba demasiado dinero!

A las 9:52 am me anuncio que podía dirigirme al gate 38 C para abordar el avión.

Con alegría y agradecimiento y un peso menos encima, mis padres y yo nos dirigimos lo mas rápido posible hacia el lugar indicado ignorando el último reto del viaje, que mi madre estaría por enfrentar y una intensiva lección para mi padre y para mi.

Después de recorrer un poco de más distancia debido a que no podíamos usar las escaleras eléctricas y debíamos buscar un ascensor; llegamos a la fila de la aduana en donde se encontraban un par de hombres de seguridad que después de revisar tus documentos te daban acceso a la fila.

Delante de nosotros un hombre de casi dos metros y tez negra alegaba con los guardias que no le permitían el paso, pues deseaba abordar con una maleta grande pero vacía.

Los guardias le decían que forzosamente debía documentar la maleta y el aseguraba que debían permitirle llevarla consigo pues estaba vacía; eran ya las 10:00 am y nuestro avión salía a las 10:15 am, desesperada le sugerí a los guardias que alegaran fuera del área y nos permitieran el paso pues mi avión salía en 15 minutos.

Dándome la razón uno de los guardias recogió mis documentos y me dio el paso, pero cuando se percató de la silla de ruedas me anuncio que era imposible que pasara con ella pues era necesario que un auxiliar de la cruz roja me acompañara con una silla propiedad del aeropuerto y mi silla debería ser forzosamente documentada.

Le expliqué que era demasiado tarde para tal trámite y que el hombre de Aeroméxico me había dicho que podía abordar con mi silla.

El hombre me regreso mis documentos y me aseguró que no pasaría por ese lugar con mi silla, así que debía ir de nuevo al mostrador para documentarla.

Ya eran las 10:02 am y la adrenalina empezaba a causarme estragos, sudando la gota gorda corrí al mostrador de air france en donde una alta y antipática señorita se negaba a ayudarme alegando que no hablaba español aún cuando teníamos casi un minuto hablando en ingles, habiéndole expuesto mi problema y ella contestando y entendiéndome perfectamente. Una vez mas me dijo>

“No te voy a ayudar, no soy la persona indicada, (sin amabilidad alguna)”.

10:04 am, a unos metros descubrí a una alta mujer francesa con radio en mano que intuí era la supervisora de la línea aérea, corrí a su encuentro y le explique mi circunstancia,

Amablemente acudió a ayudarme y le pidió a los guardias que me permitieran el acceso, ellos se negaron y le explicaron que mi silla no podría pasar la aduana así que era imperioso que se documentara.

10:06 am y la mujer desesperada hizo una llamada, la respuesta era que no podía documentarse nada más para ese vuelo pues solo faltaban 35 pasajeros por abordar para proceder a colocar el avión en pista de despegue.

Desesperada le dije a la mujer que no me importaba dejar la silla de ruedas pues yo necesitaba abordar el avión a como diera lugar, le argumente que en las maletas iban medicamentos de mis padres y que era necesario que mi madre estuviera en México al día siguiente, le pedí que me diera un segundo para llevar los documentos a mis padres y que empezaran a formarse en la fila de aduana.

Corrí a darles los pasaportes y boletos a mis padres y les pedí que pasaran la aduana y si era necesario que se fueran al avión y abordaran, les dije que no se preocuparan pues yo tenía conmigo algo de dinero y mi tarjeta de crédito y que usar la misma ropa no seria un problema para mí.

Mi madre asustada sin silla ni andadera, se sentía más desprotegida que nunca pero entendieron la importancia de formarse y sin alegar así lo hicieron.

10:08 am, otra vez con la supervisora>

“Quédate con la silla de ruedas y tírala o regálala porque yo me voy en ese avión”

A lo que me contesto>

“Eso es imposible, la silla de ruedas no se puede quedar dentro del aeropuerto”

Entonces con mi lógica le anuncie>

“No te preocupes yo salgo ahora por esa puerta y la coloco junto a ese bote de basura y listo”

“No me entiendes” – me dijo

“¡La silla de ruedas debe estar fuera del área del aeropuerto!”

¡Eso significaba correr con la silla más de media hora pues el aeropuerto es del tamaño de una ciudad!

10:09 am, Actué de manera completamente instintiva, la tome de la mano y jalándola hacia mi le dije enérgicamente y con toda la seguridad que puedo tener>

¡Escúchame bien! ¡Tú me vas a ayudar! ¡No te lo estoy preguntando! ¡Es tu única oportunidad en ésta vida de hacer algo por mí y lo vas a hacer! ¡Ayúdame por favor! ¡Hazte cargo de la silla, llama a seguridad para que saquen del aeropuerto la silla ó haz lo que mejor creas con ella, yo me voy en ese vuelo!

10:10 am, la mujer me miro y me aseguro que en 14 años de trabajar en ese lugar, jamás había hecho algo así por nadie, pero que llamaría para que intentaran llevar la silla al avión, y que si no lo lograba, sacarían la silla del aeropuerto. Preparó rápidamente la etiqueta de documentación y me dio mi contraseña al tiempo que me decía>

“Corre y toma tu vuelo”

10:12 am, corrí al encuentro con mis padres que estaban a punto de pasar la aduana, tome del brazo a mi madre y le pedí a mi padre que comenzara a quitarse chamarra y chaleco, mi madre y yo no llevábamos nunca nada metálico y solo nos quitamos los sweaters.

Pasamos aduana sin problema pero ya eran las 10:13 am y el gate 38 C se encontraba a unos 200 metros de distancia así que le dije a mi padre>

“Sin lastimarte, corre lo más rápido que puedas, llega al andén y trata de explicar a la tripulación que tu esposa va en camino sin su silla de ruedas, si no nos pueden esperar, toma el avión y vete con las maletas, mi madre y yo nos iremos tan pronto encontremos otro vuelo, si decides no irte sin nosotras, está bien, la decisión que tomes será la correcta, pero ahora corre papito”

Tomé a mi madre intentando cargar su peso lo más posible en mi brazo y le dije>

“Mamita, lo último que quiero es que te lastimes ó te caigas, así que hazlo lo más consciente posible, pero vamos a correr juntas porque hoy vamos a abordar ese avión y son las 10:15 am, así que no tenemos tiempo que perder. No estoy segura de que nos estén esperando pero lo vamos a intentar y vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para hacer que las cosas sucedan”.

Ya íbamos caminando rápidamente mientras venia diciéndole todo esto cuando de repente comencé a acelerar el paso hasta empezar a trotar.

Mi madre concentrada y repitiendo algo que no entendía pero sonaba tal y como si fuera un mantra, extendía la mano derecha y se agarraba del aire como si existiera una cuerda invisible que la ayudaba.
Estábamos trotando las dos y en un momento sentí como si el piso se convirtiera en una de esas bandas que hay en el aeropuerto pero que esta vez físicamente no existía, sin embargo puedo asegurar ante cualquier persona y conectada a la maquina de prueba de mentiras, que mi madre y yo nos empezamos a deslizar a una gran velocidad y con la sensación de flotar sobre el piso.

10:25 am, “Mamita, ya veo el numero. Estamos a escasos metros de llegar.”

Estoy segura de que no me escuchó pues estaba verdaderamente concentrada.

Mi padre alegaba con una de las personas de la tripulación, una más, se aproximo a nosotros gritando>

“¡Son ustedes cuatro los últimos! ¡Aborden ya!”

Le conteste> “¡Sólo somos tres!

“¿Y Fulano de Tal? (lamentablemente no recuerdo el nombre, pero ese sujeto estuvo en mis oraciones durante toda la semana siguiente)

“¡Viene en camino!” grité.

Un hombre salía del gusano del avión y decía> “¡Nos vamos!”

De una zancadilla llegue hasta el mostrador y mirando fijamente a la chica le ordené>

“¡Mete mis boletos!”

Sin pensarlo metió mis boletos en la maquina y me dió rápidamente las contraseñas, mi madre hizo su último esfuerzo que era auténticamente, un sobre esfuerzo y caminamos lo más rápido posible a lo largo del gusano hasta llegar a la puerta del avión.

Curiosamente ésta vez, nuestros lugares estaban juntos como si se burlaran de nosotros diciendo>

“Nosotros sabíamos que en el tiempo perfecto de Dios llegarían a ocuparnos, pero antes tenían que pasar ésta prueba extrema, para aprender de ella”

Una vez sentados, abrochando los cinturones de seguridad, las lágrimas rodaban por las mejillas de los tres.

10:35 am, segundos después entraba aturdido y con prisa el “Fulanito de Tal” faltante que nos quitó la estafeta de las miradas molestas de los demás pasajeros.

10: 45 am, el avión despegaba dejando Paris y llevándonos a casa.

Nos avisaron que proyectarían tres películas durante el viaje, además de los acostumbrados alimentos, bebidas y las botanas disponibles durante todo el vuelo.

Como siempre, me ausentaba de mi lugar por lapsos de media hora a una hora para que mi madre pudiera levantar sus piernas en mi asiento, mientras yo conversaba en la cocina con los sobrecargos conociendo más de su interesante profesión.

Una vez terminadas las tres películas, dieron comienzo a una más...

Casi no lo podía creer cuando vi la pantalla, así que pregunté a mi amiga azafata>

“¿Esta película no estaba en el programa, cierto?”

A lo que me contesto:

“NO. Pero como la traíamos y aún hay tiempo suficiente, la vamos a proyectar”

Se trataba nada más y nada menos que la de “El diablo viste a la moda”

Esta sería mi última señal, en donde cerraba el ciclo iniciado el pasado 24 de septiembre.

El 11 de octubre de 2006, llegamos con bien a casa, felices de haber vivido una de las experiencias más hermosas y enriquecedoras de nuestras vidas como familia, sin arrepentirnos de absolutamente nada pero ciertos de que no volveríamos a viajar con boletos sujetos a espacio y con mi madre en silla de ruedas.

¡La próxima vez usaremos patines!